Omar Germenos, Rosie Inguanzo (as Salvador Dalí), Yani Martín |
Arturo Arias-Polo en elNuevo Herald
La versión original en español de Lorca con un vestido verde (1998) se presenta por primera vez en Miami bajo la dirección de su autor, Nilo Cruz, premio Pulitzer.
La producción de Arca Images ocupará el On.Stage Black Box del Miami Dade County desde el 12 hasta el 19 de noviembre con las actuaciones de Ariel Texidó, Xavier Coronel, Carlos Acosta-Milián, Rosie Inguanzo, Yani Martín, Aarón Cobos, Irene Benítez y Omar Germenos.
El texto de Cruz narra la llegada del poeta español Federico García Lorca (1898-1936) a una suerte de purgatorio por donde desfilan sus propios fantasmas, el pintor Salvador Dalí y otros personajes clave en su vida.
La producción de Arca Images ocupará el On.Stage Black Box del Miami Dade County desde el 12 hasta el 19 de noviembre con las actuaciones de Ariel Texidó, Xavier Coronel, Carlos Acosta-Milián, Rosie Inguanzo, Yani Martín, Aarón Cobos, Irene Benítez y Omar Germenos.
El texto de Cruz narra la llegada del poeta español Federico García Lorca (1898-1936) a una suerte de purgatorio por donde desfilan sus propios fantasmas, el pintor Salvador Dalí y otros personajes clave en su vida.
Lorca en un vestido verde’, escrita y dirigida por Nilo Cruz, es un ensayo sobre la muerte del poeta de ‘verde que te quiero verde
José Abreu Felippe en el Nuevo Herald
En tierra de nadie, un
espacio en la memoria colectiva o en el quinto infierno, ocurre el
encuentro. Allí dos militares, un General (Carlos Acosta Milián) y un
Guardia (Rosie Inguanzo), dos espectros con mando que parecen dirigir el
tinglado, apoyados por un grupo de “viejos” espectros, es decir de
seres con más experiencia en lo que Rilke llamaba “la penosa tarea de
estar muerto”, fungen como “actores”. Todos con una única misión:
convencer al recién llegado, que no es otro que el poeta andaluz
Federico García Lorca, de que está muerto, de que la cuarentena a la que
debe someterse en ese lugar es un aprendizaje, una escuela que le
servirá para adaptarse a su nueva condición y, en un futuro, si es que
con los muertos es apropiado hablar de futuro, “ascender”.
Con ese fin, cada uno de los espectros-actores representará una faceta del poeta de “verde que te quiero verde”: Lorca con Sangre (Ariel Texidó), que es el poeta fusilado que debe ser adiestrado; Lorca con Pantalones Bombachos (Irene Benítez), que representa su infancia; Lorca como una Mujer (Yani Martín), obviamente la parte femenina del autor de Yerma; Lorca con un Traje Blanco (Xavier Coronel), elegante, feliz, radiante, que es el éxito del dramaturgo y el poeta; un Bailaor (Aaron Cobos) que marcará el ritmo de la acción; y Lorca con un Vestido Verde (Omar Germenos), que es el más enigmático de todos, y el que le da título a la obra del premio Pulitzer, Nilo Cruz, que se acaba de estrenar en el OnStage Black Box Theatre del Miami Dade County Auditorium, en una producción de Arca Images, y dirigida por el propio autor.
El fusilamiento de Federico García Lorca (1898-1936) al principio de la Guerra Civil Española (1936-1939), fue un hecho, quizás por lo especialmente monstruoso, que ha despertado un interés continuo, que no ha hecho sino crecer con el tiempo. Se han realizado investigaciones –y aún se realizan– sobre las circunstancias de su trágica muerte, se han escrito muchos libros sobre la vida y la obra del autor del Romancero gitano y sus obras de teatro se siguen montando. También el poeta ha despertado la imaginación de un gran número de creadores y Lorca en un vestido verde es una prueba de ello. Nilo Cruz construye en un escenario prácticamente desnudo –solo hay unas maletas alineadas al fondo, con las que se juega ingeniosamente– un universo onírico donde el poeta debe ensayar su propia muerte una y otra vez mientras los espectros-actores escenifican escenas de su vida: un pasaje de la infancia, su relación con el pintor Salvador Dalí, el triunfo de sus obras en distintos escenarios, sus amantes, el poeta en Nueva York, entre otras.
Esta puesta de Lorca en un vestido verde resulta un ensayo sobre la muerte del poeta sentida a través de los sueños y la poesía. Una poesía que a veces tiñe todo de verde y otras de rojo; una poesía que desciende para transportarnos a la Gran Manzana con rascacielos escritos de arriba abajo por el poeta y esa luna gitana que tanto amó el autor de Bodas de sangre. Una poesía que ahora se transforma en una tendedera de manuscritos, un torbellino de manuscritos. Pero una poesía que, sobre todo, estalla en los desplazamientos de los actores que se mueven como en una coreografía. Y en las equilibradas actuaciones.
Ariel Texidó está, como ya nos tiene acostumbrados, espectacular. Es el poeta ensangrentado que no quiere ver la sangre y piensa que todo no es más que un juego, otro divertimiento de Salvador Dalí. Dueño en todo momento del personaje hasta el impresionante monólogo final. Irene Benítez como la infancia, sencilla, fresca, juguetona. Una actriz joven con mucho futuro. Carlos Acosta Milián como el general, recio, autoritario, pero dejando traslucir cierto desencanto, como si llevara la guía de aquel teatro fúnebre, a regañadientes. Xavier Coronel, preciso, convincente, un modelo de actuación. Yani Martín, desenvuelta en los diferentes papeles que desempeña. Omar Germenos, un excelente actor, puntual en un papel que es clave en esta obra. Aaron Cobos, magnífico como el Bailaor, marcando las pautas y el ritmo con mucha gracia y salero. Dejo para el final a Rosie Inguanzo. Estuvo sencillamente genial. Al principio, me desconcertó un poco su Guardia sumiso, caricaturesco y casi esperpéntico, pero después me pareció entender lo que se pretendía. Ahora, su Dalí: fuera de serie. Una gran actriz en un gran papel.
Excelente trabajo de luces. Excelente música. Excelente texto, que da para muchas lecturas y variadas interpretaciones. El día del estreno se colocó el ansiado cartel de “Vendidas todas las localidades”. Quedan pocas funciones. No se la pierdan por nada del mundo.
Con ese fin, cada uno de los espectros-actores representará una faceta del poeta de “verde que te quiero verde”: Lorca con Sangre (Ariel Texidó), que es el poeta fusilado que debe ser adiestrado; Lorca con Pantalones Bombachos (Irene Benítez), que representa su infancia; Lorca como una Mujer (Yani Martín), obviamente la parte femenina del autor de Yerma; Lorca con un Traje Blanco (Xavier Coronel), elegante, feliz, radiante, que es el éxito del dramaturgo y el poeta; un Bailaor (Aaron Cobos) que marcará el ritmo de la acción; y Lorca con un Vestido Verde (Omar Germenos), que es el más enigmático de todos, y el que le da título a la obra del premio Pulitzer, Nilo Cruz, que se acaba de estrenar en el OnStage Black Box Theatre del Miami Dade County Auditorium, en una producción de Arca Images, y dirigida por el propio autor.
El fusilamiento de Federico García Lorca (1898-1936) al principio de la Guerra Civil Española (1936-1939), fue un hecho, quizás por lo especialmente monstruoso, que ha despertado un interés continuo, que no ha hecho sino crecer con el tiempo. Se han realizado investigaciones –y aún se realizan– sobre las circunstancias de su trágica muerte, se han escrito muchos libros sobre la vida y la obra del autor del Romancero gitano y sus obras de teatro se siguen montando. También el poeta ha despertado la imaginación de un gran número de creadores y Lorca en un vestido verde es una prueba de ello. Nilo Cruz construye en un escenario prácticamente desnudo –solo hay unas maletas alineadas al fondo, con las que se juega ingeniosamente– un universo onírico donde el poeta debe ensayar su propia muerte una y otra vez mientras los espectros-actores escenifican escenas de su vida: un pasaje de la infancia, su relación con el pintor Salvador Dalí, el triunfo de sus obras en distintos escenarios, sus amantes, el poeta en Nueva York, entre otras.
Esta puesta de Lorca en un vestido verde resulta un ensayo sobre la muerte del poeta sentida a través de los sueños y la poesía. Una poesía que a veces tiñe todo de verde y otras de rojo; una poesía que desciende para transportarnos a la Gran Manzana con rascacielos escritos de arriba abajo por el poeta y esa luna gitana que tanto amó el autor de Bodas de sangre. Una poesía que ahora se transforma en una tendedera de manuscritos, un torbellino de manuscritos. Pero una poesía que, sobre todo, estalla en los desplazamientos de los actores que se mueven como en una coreografía. Y en las equilibradas actuaciones.
Ariel Texidó está, como ya nos tiene acostumbrados, espectacular. Es el poeta ensangrentado que no quiere ver la sangre y piensa que todo no es más que un juego, otro divertimiento de Salvador Dalí. Dueño en todo momento del personaje hasta el impresionante monólogo final. Irene Benítez como la infancia, sencilla, fresca, juguetona. Una actriz joven con mucho futuro. Carlos Acosta Milián como el general, recio, autoritario, pero dejando traslucir cierto desencanto, como si llevara la guía de aquel teatro fúnebre, a regañadientes. Xavier Coronel, preciso, convincente, un modelo de actuación. Yani Martín, desenvuelta en los diferentes papeles que desempeña. Omar Germenos, un excelente actor, puntual en un papel que es clave en esta obra. Aaron Cobos, magnífico como el Bailaor, marcando las pautas y el ritmo con mucha gracia y salero. Dejo para el final a Rosie Inguanzo. Estuvo sencillamente genial. Al principio, me desconcertó un poco su Guardia sumiso, caricaturesco y casi esperpéntico, pero después me pareció entender lo que se pretendía. Ahora, su Dalí: fuera de serie. Una gran actriz en un gran papel.
Excelente trabajo de luces. Excelente música. Excelente texto, que da para muchas lecturas y variadas interpretaciones. El día del estreno se colocó el ansiado cartel de “Vendidas todas las localidades”. Quedan pocas funciones. No se la pierdan por nada del mundo.
‘Lorca en un vestido verde’. OnStage Black Box Theatre del Miami Dade County Auditorium. Más información: 786-327-4539.
...........................
...........................
Mayra Marrero en tumiamiblog
Lorca in a green dress revisited
Mia Leoin para ArtBurst.com
I saw Lorca en un vestido verde, the Spanish-language version of Nilo Cruz’s play Lorca in a Green Dress eight years ago on a cramped stage in Little Havana’s Teatro Ocho, where Rolando Moreno took on the task of directing four actors who play eight roles. Even with the limitations of the production, Cruz’s inventive and lyrical script made Lorca one of my favorites from the Pulitzer Prize-winning playwright’s impressive repertoire.
Cruz is known for his poetic sensibility, but his talent doesn’t stop there. An instinct for the relationships between characters and his imaginative directorial vision charge the play’s poetic imagery with dramatic weight. Co-produced by Arca Images and the Miami-Dade County Auditorium, Lorca runs through Nov. 19 at MCDA’s Blackbox On.Stage. Theatergoers can listen to a simultaneous English translation of the play via headset.
The play opens with Spanish poet Federico García Lorca (Ariel Texidó) being led to the “Lorca room,” a purgatorial space where Lorca, who in real life was murdered by nationalist militia at the beginning of the Spanish Civil War, relives the last few minutes of his sudden death, each time coming closer to acceptance. In this space he is accompanied by “higher agents of his being:” Lorca in Bicycle Shorts (Irene Benítez), Lorca as a Woman (Yani Martín), Lorca in a White Suit (Xavier Coronel), and Lorca en a Green Dress (Omar Germenos). The footwork and clapping of the mesmerizing flamenco dancer Aaron Cobos adds a percussive rhythm to the play.
Fascism, prejudice and the oblivion of death are some of themes that confront theatergoers and Cruz’s characteristic lyricism doesn’t cushion the blow. However, his directorial vision does bring moments of levity, beauty and ultimately humanity to the tragic circumstances of the play and their larger implications.
Texidó presents a compelling Lorca who is sensual, childlike, mystical and vulnerable. As Lorca reckons with his own death and relives some of his most poignant memories, Texidó evolves, but he never overplays the part. He shows a great deal of reserve so that Lorca’s dreams, memories, and even his poetry, never eclipse his humanity.
Rosie Inguanzo is brilliant as the Guard. She sheepishly echoes the commands of the General (powerfully portrayed by Carlos Acosta-Milián), often creating a much welcome comic counterpoint to the General’s severity. In a flashback on Lorca’s and Salvador Dalí’s friendship, Inguanzo also delivers a humorous depiction of Dalí’s flighty genius.
Martín is excellent in the role of Lorca as a Woman. She also shape shifts smoothly to a mother figure and Salvador Dalí’s sister, Ana Maria. Cruz makes use of visual elements such as a row of battered suitcases that later encircle Lorca in his memories. A long red cloth symbolizes the red lipstick of Lorca’s sexuality and the river of blood of his death.
Fernando Teijeiro’s set design bring Cruz’s vision to life. Beautiful luminous green pages float about the stage. Black buildings symbolize a city scape. Lorca’s writing is scrawled across these sets, foreshadowing the legacy of Lorca’s creative production.
Despite the beautiful lines of poetry, despite the poet himself railing against his own fate, and the agents of his higher being projecting the most profound dimensions of his soul, Lorca en un vestido verde is the kind of play that stills everything around it. When you step from the theater to the outside world, the silence stuns so profoundly, you can almost hear the pulse of the trees.
‘Lorca en un vestido verde,’ presented by Arca Images, runs through November 19, Thursday through Saturday at 8:00 p.m. and Sunday at 3:00 p.m., Blackbox On.Stage MDCA, 2901 W. Flagler St., Miami; $30 general admission, $25 seniors, students and groups (10+); in Spanish with simultaneous translation in English; for more information go to ticketmaster.com or miamidadecountyauditorium.org.
..........................
Eduard Reboll para Revista Nagari
Posiblemente, El cuento de René es en sí mismo una metonimia para hablar de dos conceptos en un todo: el “cuento” que tenía él; es decir, el propio relato cómico del escritor y artista René Ariza frente a su vida y al mundo de la Isla. Y “los cuentos” que escribió para hablar del “cuento” de los otros: los de su propio pueblo y los que lo rigen desde la pirámide que creó “el susodicho” según la creación del término que acotó el músico y profesor de filosofía Alfredo Triff”.
Nacido en la Habana, este dramaturgo, poeta y dibujante, estuvo en prisión durante ocho años y condenado por “diversionismo ideológico” y por obras “carentes de valor artístico” tal como reza en el prospecto que Arca Images ha editado didácticamente.
Esta idea de Larry Villanueva de poner bajo las capa de distintos actores los cuentos que aparecen en escena del autor (Relato sospechoso, Relato para moscas, Esposas, El fantasma del puerco, Ser escritor, Carne, Los bravos) intentando hilarlos a través de transiciones imaginativas y sugerentes, es una de las medallas que tiene por sí mismo esta obra: la concepción de su puesta en escena.
Una escenografía bien original -sublime la función polifacética de un refrigerador vacío en distintas historias- y llena de símbolos políticos y de control -un ojo endiosado bajo un triángulo- complementan una personificación bien definida en todos los caracteres que aluden desde la tragicomedia a un mundo lúgubre y esperpéntico regido por el ojo del “Big Brother” -que decía George Orwell en su novela 1984- aunque genealógicamente pudiera muy bien interpretarse con el del Gran Arquitecto de la Masonería.
Puede haber un punto maniqueo y comprado al decir que disfruté a todo el elenco desde su oficio del primero al último. Posiblemente sería algo ‘sospechoso” de mi parte decir que “sospecho” que Larry Villanueva actúo como es debido en el papel de “sospechoso-que-sospecha-de-todo-el-mundo” bajo su camisa roja en Relato sospechoso. Pero bien, no quiero extenderme y díganlo ustedes cuando repongan la obra que “sospecho” será pronto…¿No es así Alexa?
![]() | |
Foto de ensayo: Rosie Inguanzo |
Diría lo mismo de esta Mujer-casera. Mujer-sabrosa. Mujer-esposada que a veces tiene problemas en “identificarse”. Y en otras circunstancias “identifica” a otros. O hasta señala cómo fornican un par de moscas cerca de la cocina. Este brutal cómico sutil y delicado que hace de su personaje y de su interpretación un tributo a la feminidad de barrio… se llama Andy Barbosa en Relato para moscas y Esposas.
Lo mismo de un carnicero malabar (Carlos Acosta–Milián) que con sus pretensiones sádicas y próximas a la gesticulación circense borda un personaje lleno de terror de feria en Carne. Para denunciar posiblemente el terror real que hubo o que incluso resta hoy en la Cuba del “hermano”.
De Ariel Teixidó destacar coherentemente el alter ego de René Ariza si asociáramos como autobiográficos los relatos de El fantasma del puerco o Ser escritor. La carnalidad y desnudez de su cabeza e investido bajo un traje carcelario: adopta una presencia escénica como nunca la había visto en este actor cercano a la honorabilidad como loco “delincuente”.
Rosie Inguanzo se emborracha en el relato de Los Bravos y nos contagia la ebriedad a puntos de éxtasis con el público. Con su personaje de estirpe policial barriobajera y su tambaleo contenido “dispara” y delata todo lo que ocurre de la forma más divertida e histriónica en el bar donde suceden lo hechos: “A vé coñoooooo quien é homosexuá aquí”. Confesión pública: agradezco que esta mujer vuelva a escena después de su magnífico reingreso con Lorca con un vestido verde bajo la dirección sin fisuras en esta pieza de Nilo Cruz.
Quizás hoy más que nunca hay que felicitar a la persona gracias a la cual este proyecto toma luz. A la creadora y productora de Arca Images Alexa Kuve así como a la dirección de On Stage Black Box MDC Auditorium por su línea de calidad demostrada a los largo de los últimos años. ER
..........................
Lorca con un Vestido Verde, un comentario más
Jesús Rosado para ellugareno.com
Los cubanos somos devotos de la obra de Lorca. En general el público iberoamericano lo es. Nos ata a la cosecha y manera de morir del poeta su sentido dramático, la pasión velada por los tormentos y el alma desgarrada.
Cuando la trágica muerte de Pedro Infante, decenas de mujeres en plena
flor de su vida se suicidaron en Cuba. Ese ha sido uno de los tantos
episodios de síndrome lorquiano del que ha sido víctima la sociedad
cubana. Jóvenes cuyos corazones de pronto, ante la pérdida del amado
ícono del cine mexicano, se llenaron de “alas rotas y flores de trapo”.
Lorca está entronizado misteriosamente en nuestra idiosincrasia. O por
premonición medular del poeta o porque supo interpretar como nadie el
corazón de la hispanidad.
Por ello es que el hecho curioso de que un dramaturgo como Nilo Cruz,
nacido, es verdad, en Cuba, pero crecido y formado en Estados Unidos,
haya logrado interiorizar el espíritu de Federico solo se explica si
obviamos los gentilicios y aceptamos la sensible capacidad del teatrista
para remontarse a sus orígenes.
No de otra manera podemos entender cómo Nilo ha podido plasmar en su Lorca con un Vestido Verde,
las esencias de la individualidad laberíntica del poeta granadino. Y
que lo haya hecho a partir de la recreación y reflexiones sobre su
muerte habla de la mezcla ingeniosa de ciencia y mística en la estética
del dramaturgo.
No voy a reseñar en detalles el argumento de la pieza porque ya los
críticos en otros medios lo han hecho. Nilo recurre tangencialmente a
Goethe para mostrar en escena a través de un Lorca ya fusilado y ahora
atrapado en un limbo purgatorio, las múltiples facetas de su
personalidad.
La muerte-espejo, que no está ajena a las obsesiones lorquianas, es el
hábil recurso para esbozar en hora y media de licencia dramática el
trayecto de vida de este mito de la literatura hispana que se impondrá
históricamente a la demolición física.
El Lorca niño, escritor, dramaturgo, polisexual, el de pensamiento
liberal y rotundamente español van dibujando la biografía desacralizada
del genio andaluz a través del trabajo de los actores que asumen cada
porción de intimidad.
Todos lo logran haciendo gala de energía, talento e intrepidez. Ariel
Texidó, con su Federico ensangrentado que se rebela ante la muerte
consumada; Irene Benítez, enfundada en una cándida niñez donde las
edades y los sueños se funden; la encantadora Yani Martín asumiendo la
íntima femineidad de Lorca; Xavier Coronel mostrando al creador en toda
su plenitud; Aaron Cobos, cuyo bailaor alude a la sensibilidad inspirada
por la visceral españolidad; y el Lorca con un vestido verde de Omar
Germenos, el alter ego que transita discretamente entre vida,
sensualidad y muerte.
Nilo construye elaboradas contrapartes para redondear el cuerpo de la
obra con la ayuda eficaz de dos actores: Carlos Acosta Milián, quien
encarna con profesionalismo contundente el rol de inquisidor que evalúa
el paso del Lorca difunto a otro plano existencial, y Rosie Inguanzo,
repartida soberbiamente en tres papeles – de ellos el más descollante,
el excéntrico Dalí - con los que logra imprimir ráfagas de vibra y
sarcasmo a la puesta, contrarrestando el peso trágico de su contenido.
Tras el trabajo actoral, no es difícil imaginarse a Nilo Cruz en los
arduos ensayos, sentado en el lunetario vacío, calibrando el lenguaje
preciso de los gestos, conteniendo el desborde histriónico, concediendo
el aporte, corrigiendo la lectura de los desplazamientos, marcando la
dinámica que alcanza a mantener después en vilo al espectador.
Es un Nilo que hay que imaginárselo con los ojos marchitos de tanto
Lorca leído bajo la lámpara. Absorto en las motivaciones de la luna y de
la sangre. Reflexionando cada palabra, cada texto como lo habría hecho
el poeta vestido de verde enfrentando a sus verdugos.
La escenografía de la puesta es sobria como un tablao. Apenas unas
maletas anunciando el alma del Federico viajante con sus tramos
recorridos en vida y post-mortem, para después, en algún momento mostrar
el vuelo ubicuo de los manuscritos manoseados del poeta. Luego,
finalmente, la escalera al cielo, una alegoría que ha cruzado los
tiempos desde el medioevo hasta la balada de rock para expresar la
exorcizante ascensión definitiva.
La pieza se ubica, sin dudas, entre las mejores obras vistas en las tablas de Miami este año, a la par de Antígonon, un continente épico,
de Carlos Díaz. Por su logrado balance, merecería, además de Estados
Unidos, plazas en La Habana, México o Madrid. Y en cualquiera de esos
sitios sería difícil concebir que un cubanoamericano que vive entre
Miami y New York haya escrito y dirigido una pieza de Lorca tan
incontenible. Para un espectador cosmopolita ya es motivo de asombro.
Para el público español lo sería aún más.
.........................
Teresa Maria Rojas.........................
Mario Ernesto Sanchez
Entrevista de Max Barbosa en Teatro en Miami